
Espacios para Vibrar
0s dejo mis fotos y mis palabras, del silencio del alma parten.
Que los pájaros me aniden

El viejo castillo

Como siempre, regresé al castillo.
Entré en una de sus salas y allí, protegida por sus poderosas paredes, me dispuse a descansar.
Dejé sobre el suelo la armadura, la espada y el escudo.
Venía de muchos años de lucha, durante los cuales tuve que enfrentarme a multitud de batallas.
Sentía, que poco a poco me había ido endureciendo. No sólo mi armadura era fuerte y aguantaba duros envites, sino que todo mi ser, se había ido haciendo insensible y rígido, pues cada lucha mantenida había alejado de mi corazón cualquier cosa que pudiera debilitarle o hacer que se tambaleara.
Me había convertido en una poderosa guerrera, pocas luchas me amedrentaban. Me enfrentaba a ellas con decisión y coraje, sin retroceder.
Mucha gente admiraba mi valentía y aunque eso no suponía para mí ningún orgullo, me reafirmaba que estaba haciendo lo correcto y que lo hacía de la forma más eficaz.
Así era mi vida de guerrera. Transcurría sin dejar que nada me pusiera de rodillas, sino que caminaba erguida hacia las dificultades, por duras que fuesen o por mucho que pesara sobre mis hombros doloridos la rígida armadura con la que me cubría.
Ahora, estaba en mi castillo, podía bajar la guardia y descansar.
La armadura, el escudo y la pesada lanza que siempre llevaba en la mano, estaban tirados por el suelo, como inútiles trozos de metal.
Dormí durante muchas horas, abandonada al sueño reparador.
Cuando desperté, quise incorporarme. Pero sentí todos los miembros debilitados y sin suficiente fuerza. Me quedé, despierta y tendida sobre el lecho. La luz de las ventanas entraba suavemente y el silencio lo llenaba todo.
Oscureció y volvió a amanecer numerosas veces, y yo, permanecía tendida sin hacer nada.
Cuando por fin me incorporé, me sentía diferente: el cuerpo ya no me pesaba, era ligero, liviano.
Miré por la ventana y tuve la sensación de ver por primera vez las cosas. Las reconocía, pero ya no eran como antes, algo las había cambiado. Incluso yo no era como antes, me sentía diferente...llevaba tantos años vestida para la lucha, que desnuda, casi no me reconocía. Se me había olvidado cómo era antes de este tiempo...
Recogí las distintas partes de la armadura para írmelas poniendo, pero ahora las sentía tan toscas y pesadas que fui incapaz de colocármelas. Era cómo si nunca hubieran sido mías, como si fuese extraño que las hubiera podido usar y hacer de ellas mi modo de vida. Cogí la lanza, pero la sentía demasiado grande y casi no podía con ella. Lo mismo sucedió con el escudo; era tan pesado que casi no podía levantarlo. Tuve la impresión de que eran más grandes que todo mi cuerpo y las dejé sobre el suelo.
Pero no tenía nada más. No tenía nada más para cubrirse y salir de nuevo a la vida que me esperaba. Solo la armadura, el escudo, la lanza...solo eso. ¿Con qué me cubriría ahora? ¿Con qué me defendería en la lucha? ¿Cómo vencería en las batallas? ¿Qué sería de mí sin que la armadura me protegiera?. El temor por este pensamiento, fue acallado por un nuevo sentir y razonar que se fue abriendo paso en mí, cada vez con más firmeza y claridad: caminaría sin nada. De nada cubriría mi cuerpo, con nada pelearía ni me protegería. ¡pondría fin al tiempo de batalla!.
El temor seguía en mí, pero la decisión brotaba de mi corazón con tanta fuerza y claridad, que ni un paso atrás me permitiría, sólo este compromiso de vida que se había implantado claramente en mi alma.
Salí a la calle y comenzar a caminar: iba desnuda. Nada cubría mi cuerpo.
Sentí el viento sobre la piel. La hierba seca, se me clavaba en los pies al pisarla y andar. En las piernas, me arañaban los matojos, pero seguí caminando…
No sabía qué me esperaba, con qué me encontraría, qué sería de mi o cómo sería mi existir. Pero algo poderoso me empuja a seguir y lo hice sin resistencia.
Caminé alejándome del castillo durante días y más días. Poco a poco, a medida que me alejaba, iba retomando mi ser. Me sentía bien, ligera, tranquila, llena de fuerzas. Aún con temor, pero decidida. Miles de sensaciones se debatían dentro de mí.
En cada día que pasaba, me reafirmaba en mi compromiso: caminar así, sin que nada me protegiese, desnuda ante la vida. Desprovista de todo, sin armas ni escudos. Con las manos abiertas. Sin más defensa, que mi propia piel.
Caminaría sin detenerme ni retroceder, aunque el camino fuera difícil y mil veces cayera o fuese vencida.
El tiempo pasaba, mi caminar no se detenía y cada vez me alejaba más de todo lo que había sido y me adentraba con firmeza en esta nueva vida.
Algo sutil y cálido me arropaba por encima de modo poderoso. Nunca antes había sentido así mi propia fuerza y energía.
Pensé que todo estaba bien, que todo encajaba. Miré por última vez hacia atrás, fue solo un instante, y seguí caminando.
(Esta experiencia es el porqué, comencé la vida de nuevo).
!Tened misericordia de mí !

Si me encontráis y estoy en el silencio...
Si me encontráis y soy vociferarte e irascible...
Si me encontráis y mi rostro es de tristeza
O doy saltos de alegría: no soy yo.
¡Tened misericordia de mí!
No me juzguéis ni intentéis comprenderme.
Recordad que estoy hecha de barro y tempestuoso mar.
Mis manos de alfarera
no siempre dominan el torno
en el que giro.
Algún día os encontraréis conmigo
y seré sólo arcilla esparcida al sol
sin forma alguna.
Tierra que la lluvia moja
y el aire moldea.
Mientras tanto: ¡tened misericordia de mí!
Mi trabajo
Sin palabras

Estaba amaneciendo. El sol, tímido pero poderoso, apartaría al viento y se elevaría sobre el lago de sal...
Todos esperábamos el instante en que los primeros rayos iluminasen el paisaje blanco.
La vieja barcaza, llena de todos los amaneceres, yacía tranquila ante nuestros pies.
Mis manos se pararon a tocarla, apenas la rozaron... agachada junto a ella, me quedé esperando.
Sí, Verdaderamente, mi alma no quiere nada más.
Y cuando metida en el mundo, se me olvida, siempre, siempre, siempre... aparece mi barcaza, me llama... y me lo recuerda.
....
Marcharse es volver a vivir

Estábamos en una habitación del hospital.
Los médicos, sabiendo la gravedad de la situación, nos habían dejado a solas con mamá, gravemente enferma. Eran las últimas horas en que la tendríamos con nosotros físicamente.
Sentíamos pena, tristeza...y una gran angustia en nuestro corazón.
Yo tenía la experiencia de haber ayudado en muchas ocasiones a diversas personas en este paso, pero al ser un familiar tan directo, estaba expectante y totalmente abierta a todo lo que en la habitación sucedía.
Las horas iban pasando lentamente, muy lentamente...
La tarde dio paso a las primeras horas de la noche y sólo las luces de la ciudad que se extendía en la falda del hospital, se dibujaban entre la oscuridad.
En la habitación todo estaba en silencio, nadie hablaba.
Mi madre había entrado en una semiinconsciencia de la que sólo a ratos salía para decirnos algo.
Pero, su silencio, era sólo de palabras físicas.
Su mente estaba totalmente despierta y mantenía una claridad muy grande.
Desde hacía un rato, todo el espacio de la habitación se había ido llenando de algo denso y espeso que si bien no podía verse físicamente, sí se sentía perfectamente. Lo sentíamos todos, desde mi familia, hasta las enfermeras... y la vibración que producía, nos tenía a todos nerviosos y tensos.
Me dediqué a hablar con mi madre que parecía inconsciente, pero que yo sabía que podía escucharme y comprender, mejor que nunca, todo lo que en esos momentos tenía que explicarle.
“ no luches, no te resistas... deja que las cosas sucedan...
...tranquila, no estás sola, te ayudarán... tranquila...
escucha en tu corazón, deja que te hablen... deja que te ayuden...”.
Al principio, parecía que nada cambiaba, todo seguía igual.
Había mucho calor en la habitación y teníamos la sensación de que nos faltaba el aire a pesar de que todas las ventanas estaban abiertas.
Era como si la oscuridad de la noche que reinaba fuera, se hubiera apoderado del espacio y no fuésemos capaces de alejarla de nosotros.
Mi madre continuaba inquieta, desorientada, sin saber muy bien qué le estaba pasando...
Yo le seguía hablando suavemente:
“ deja que te ayuden... no te resistas... escucha lo que te decimos...
este es otro tiempo, has llegado a otra forma de ver y de sentir... deja que te ayuden, no tengas miedo...”.
Así pasamos mucho tiempo.
Poco a poco, la vibración que había en la habitación había cambiado.
Ahora era, menos densa, más nítida, se sentía “todo lo que había”, prácticamente se podía ver físicamente. Y esto no sólo me estaba sucediendo a mí, sino a todos los que estabamos en la habitación, ya que cada una en su medida, lo estaban viviendo de igual modo.
La habitación se había ido llenando de seres espirituales que estaban situados alrededor de la cama, rodeándonos a mi madre y a mí... y esperaban.
Su presencia era tan fuerte, que se los podía ver físicamente, su contorno se dibujaba en las sombras de la habitación, eran seres grandes, como de una luz amarillenta...su vibrar era cálido, calmado... y permanecían silenciosos, esperando con respeto. Su fuerte presencia llenaba por completo la habitación. Daba la sensación de que ya no cabía nadie más, allí dentro.
Yo continuaba hablando con mi madre, explicándola cosas. Sentía su mente más despierta y receptiva que nunca y sabía que había dejado de razonar todo lo que estaba sucediendo y que comenzaba a “abandonarse, a dejarse conducir...”.
La madrugada había ido avanzando, y a medida que pasaba el tiempo, la sensación de presión que había en la habitación se había ido suavizando.
Los seres continuaban allí, silenciosos, callados, llenando por completo todo el espacio alrededor de la cama.
Mi madre, se recuperó un poco y nos dijo:
“ les voy a hacer caso... tienen razón, les voy a hacer caso...”
Yo continuaba hablando con ella, para que estuviera tranquila y confiase...
Y lo hizo.
Desde el momento en que lo hizo, todo cambió en la habitación:
La presión que había y que sentíamos todos, desapareció.
El aire, volvió a ser, fluido y fresco, la densidad que nos aplastaba a todos, se fue suavizando y nos comenzamos a sentir todos mejor.
A los pocos minutos, en la habitación se sentía una calma y una paz enorme... toda tensión había desaparecido y la sensación era incluso de bienestar.
Mi madre había perdido totalmente la conciencia y había entrado en coma. Su corazón seguía latiendo aceleradamente obligado por la medicación, pero en su cuerpo no había ningún signo de vida. Ahora, descansaba plácidamente como desconectada de todo.
Al relajarnos, me di cuenta de algo muy hermoso que me hizo llorar de emoción y agradecimiento:
Los seres que llenaban la habitación y que desde hacía varias horas nos acompañaban, se habían hecho más transparentes y luminosos que antes y formaban un grupo muy tupido alrededor de la cama.
Poco a poco, del cuerpo de mi madre se fue desprendiendo una energía parecida a ellos, estaba encima de ella, formando otro cuerpo, muy parecido a su físico.
Este otro cuerpo permanecía en horizontal, por encima de la cama, y a cada rato que pasaba, se elevaba más hacia arriba.
Todos los seres, estaban pegados a él, como sujetándole con sus manos.
Cada vez estaba más arriba, hasta colocarse por encima de nuestras cabezas, algo más abajo del techo... Solo un hilito de luz, unía los dos cuerpos, uno exhausto y acabado sobre la cama, el otro fuerte y luminoso descansando en manos de los seres que le custodiaban.
En la habitación había una sensación de alegría y de felicidad que nos asombraba.
Sentíamos en nuestro corazón algo muy hermoso y fuerte, algo muy especial, antes nunca sentido que nos hacía estar tranquilos y llenos de una alegría muy grande. La situación que estábamos viviendo era tan clara y llena de tanta fuerza, que toda la tristeza anterior había desaparecido.
De algún modo, sentíamos claramente en nuestra mente la voz tranquila de mi madre, despidiendose, llena de calma, llena de paz...
Nos alegraba sentir lo hermoso que era esta marcha y que ya no había dolor ni oscuridad, que no había duda o sentimientos de perdida, sino que estábamos felices porque todo lo que estaba sucediendo nos mostraba las cosas de un modo totalmente distinto a como normalmente la gente lo vive, si no llega a esta conciencia.
sentíamos, veíamos, que mi madre, se marchaba llena de felicidad y alegría.
Se marchaba acompañada por seres de luz, que le llevaban en brazos arropada por algo muy bello.
Así permanecimos durantes las siguientes horas hasta que se hizo de día.
Llegó el médico y no sé qué sintió... pero mandó que inmediatamente, le quitasen la medicación.
Casi en el mismo instante de hacerlo, sentimos como la presencia espiritual de mi madre, que durante el último tiempo había aguardado suspendida sobre su cuerpo físico, desaparecía, llevada hacia arriba por los seres de luz que durante toda la noche la habían mantenido en volandas.
Se quedó su cuerpo sobre la cama, vacío, desprovisto de toda vida o energía...
Pero no nos pusimos tristes; todos, cada uno en su medida y apertura, habíamos asistido a su partida de este mundo y habíamos visto lo hermoso que era.
Ahora sabíamos, comprendíamos, habíamos vivido con ella, algo de lo que era la nueva forma de “vida” que para ella había comenzado.
Y nos quedamos con esa alegría. Con la profunda alegría de haber asistido al nacimiento más hermoso jamás imaginado. Esto es ahora su recuerdo: el nacimiento, la transformación de lo físico en el "sólo alma". Siempre damos gracias, siempre.
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Así se marchó mi madre, pero a lo largo de mi vida, he visto marcharse a mucha gente a la que he ayudado...y me han ayudado a mi con su luz, muchas veces.
El camino sigue...marcharse es volver a comenzar, volver a vivir. Todo es una hermosa rueda del tiempo en el espacio donde giramos para aprender y sentir.
Ojalá llegue pronto a todos los corazones, el momento de comprenderlo así. Comprenderlo, vivirlo así, llena de calma y alegría.
De una calma y una alegría, de un sentir.... "que no es cómo el que nos dan las cosas del mundo"
Celeste
Es cierto...
¡Osemos!

Foto cedida por Chayogotica. Gracias!
El sentir, tiene que ser sacudido para que salga del estancamiento y vibre de nuevo, llenándolo todo de vida.
Estancados, no hay vida.
Sólo al romper las corazas que mantienen al corazón parado, se vuelve a la no muerte.
¡Osemos!
Los sueños
Los sueños y metas de la vida se cumplen, cuando caminas con energía hacia ellos, hasta conseguirlos.Sólo tienes que tener claramente en tu corazón, el motivo de hacia qué y para qué caminas.
Lo pequeña que soy...

vivirlo todo,
sentirlo todo...
Excepto la soledad.
Esto me llena de alegría,
porque siempre me recuerda
lo pequeña que soy.
...
Ser aire

Nos enseñaron que no se puede volar.
Que sólo sobre la tierra podríamos existir.
Pero sé que también se puede remontar el vuelo sobre el aire.
Vivir entre corrientes, libre, sintiendo el oleaje de vientos que te llevan.
Sólo tus pensamientos te mantienen atado al suelo.
Aquellos que no se atreven ni a imaginarlo, son los que ponen el lastre a tus alas.
Emitir
Lo que emitimos al pensar, al hablar, al mirar y al relacionarnos, también.
Somos responsables de lo que ponemos en nosotros y a nuestro alrededor
porque todo fluye, todo se alimenta de energía que constantemente está
recargándose con lo que hay.
Y lo que hay, es la mezcla de todo lo que ponemos.
Tenerlo en cuenta es el compromiso de todo el que camina.
Me hacéis grande

El amor tiene que ser para ganar.
Un regalo para "comprender"

Cuando lo desenvolví en casa, me llevé una gran sorpresa, porque consistía en un libro sagrado, bellísimamente decorado, con explicaciones marginales y comentarios del texto principal: ¡pero estaba escrito totalmente en árabe!
No podía comprender absolutamente nada. Ni uno solo de los trazos tenía significado para mi, o podía ser interpretado.
Realmente me quedé sorprendida.
Pero pensé que si mi amigo, que me conocía perfectamente, había elegido este regalo, sería por algo concreto y que posiblemente, tendría alguna razón para hacerlo de esta forma.
Durante mucho tiempo, me dediqué a estudiar el código de aquel libro, intentando entender, comprender el mensaje que guardaba entre sus páginas.
Después de mucho tiempo, un día llamé a mi amigo:
- ¡Entiendo un trocito! - Le dije llena de alegría. - ¡Después de mucho esfuerzo y trabajo, después de mucho empeño y constancia, he comprendido un trocito! - Le volví a repetir toda contenta...
Y mi amigo, en eso reconocí que era realmente sabio, me dijo con suavidad:
"- Querida amiga: el libro es cómo el vibrar de la vida y todo lo que en ella sucede y puede ser vivido...lo que haces, lo que sientes, lo que conoces y vives, no es más que un trocito pequeño de todo lo que te rodea, un trocito pequeño de todo lo que puede ser sentido y vivido...
estate atenta, la sabiduría del universo es infinita...adentrarse en ella es la tarea de todo caminante.
¡Comprende esto y será fácil el camino...!"
Campo del agua
Es la más simple y pequeña aldea de los Ancares.
Cuando voy, ante tanta belleza, tengo miedo: sé que llevo en la sangre mares de ramas y hojas. Mares de tierra y agua corriendo por los valles. Mares de copas verdes meciéndose al viento de la tarde...
Es cierto, me dice el alma, es cierto...“Dejadme que voy de vuelo”.
...
¡Aquí estoy vida!

Las personas con las que se comparte,
Los lugares,
Ese sentir, que late desbordándote….
La vida, si te dejas,
Te arropa con colores recién fabricados.
Y desde el corazón abierto a todo, te dan ganas de gritar:
¡Aquí estoy vida, hágase!
..
Para avanzar

Silencio

..
Mi Extremadura
me voy pa mi Extremadura.
Junto a la jiguera grande,
me esperan las mozas y los muchachos,
que tenemos, cosinas pa contanos.
El almuerzo de migas con torreznos,
y vinin de pitarra.
O un trozo de miajón pa mojá en la salsina...
Asín, me basta y me sobra. No necesito ná más,
que estoy jecha de terrones.
:)
Diosas de ocho brazos

Mi abuela, cuando algo era una injusticia contra la mujer, siempre decía:
El viernes, en la inauguración de La Semana de la Mujer en Astorga,
Suryakanthi Tripathi, embajadora de la India, estuvo con nosotros hablando sobre las mujeres y admirando parte de la obra de Julia Ardón expuesta en la sala.
“La mujer no ha sido educada para que tenga su propio espacio.
Pero tener un espacio físico y psíquico, es esencial para que se pueda desarrollar con todo lo que lleva dentro. Para que lo pueda manifestar con fuerza y claridad. Para que pueda demostrarse a sí misma y a los que la rodean, que tiene mucho que aportar y transmitir.
Tener nuestro propio espacio es ESENCIAL. Este es el tiempo de RECLAMARLO. De actuar para reclamarlo y conseguirlo.
Conseguiremos nuestro espacio, es imparable el movimiento, porque ahora sabemos que podemos hacerlo.
..
Candiles
"CANDILES"En las costas acantiladas, me impresionan los grandes faros, allá en todo lo alto, bramando en la noche y extendiendo su poderosa luz que hasta la niebla abre. ¡Impresionantes!
Una tarde subí para mirar el mar sentada junto a uno, en el borde del acantilado.
Llegaba la noche calmada y relajada. El faro callado, parecía más manso.
Bajo el acantilado, las barquitas faenaban, mientras la noche se les venía encima.
Después, cuando la noche fue más cerrada, solo sus pequeños candiles parpadeaban tímidamente.
Me imaginé al pescador trabajando solo, movido por las incesantes olas, tirando sus redes a la luz del pequeño candil…
Y sentí, que algunas personas con las que me encuentro, son eso: candiles.
No faros majestuosos...si no pequeños e imprescindibles, candiles.
Están por todas partes, ayudando, dando sonrisas, poniendo algo cálido, sin grandes estruendos...
Pequeños y maravillosos candiles que andan por la vida con sus pequeñas lucecitas, iluminándola y llenándola de más VIDA.
Nos atraen más los faros, claro está.
Pero a las personas "candiles”!les debo tanto!
!Tan bello!

Tan bello!!!
Y posó para mi cámara con la mayor naturalidad.
En su pueblo lo del tiempo se lleva de otra manera...
qué más da que sean las once o las doce y media? Charlemos!.
Sabía de todo, le interesaba todo, preguntaba por todo, reía por todo
y cuando lo hacía, el vibrar de su noble alma, se le escapaba por la sonrisa...
Tan bello!!!
..
Lista de cosas pendientes de hacer

Lista de cosas pendientes de hacer:
*Pasar un tiempo en Cuzco, Perú.
Caminar por sus calles, tocar las piedras de sus muros, dejarlas que me hablen... escuchar a sus gentes, ir a sus mercados, comer sus platos...sentarme en la catedral y “sentir”.
Llegar a Machupichu, plantarme ante él.
Mezclarme con el viento y rozar con las manos sus formas, colarme por sus rendijas, levantar polvo en sus terrazas, recoger en mi alma sus recuerdos...y regresar.
* Ir a Venecia y navegar por sus calles en góndolas como peces. Oler sus casas y sus gentes, pisar su poco suelo apuntalado...” dejarme amar” en Venecia antes de que todos los “Casanovas” desaparezcan.
*Fabricar un “chozo” de pastores, igual que el de mi abuelo en mi infancia, ese donde pasábamos algunas noches del verano bajo un cielo lleno de “caminos de Santiago” y estrellas con nombres de corderitos...ese donde oíamos toda la noche a los grillos y las ranas. Y desde el cual, vigilábamos para que los lobos (yo los vi) no se llevaran las ovejas del redil.
*Regresar al pueblo donde nací, regresar para tocar con las manos sus puertas, para mirar desde las pequeñas ventanas los tejados rojos, para llegar a las encinas y sentir de nuevo el sabor de las bellotas...sé donde hay una encina que las tiene muy dulces.
*Hablar con los compañero de la infancia de los que me fui distanciando...quedar con ellos en la terraza “del silo”, tomar con ellos una cerveza fría.
Reírnos de todas las gamberradas, recordar a los profesores y los juegos del recreo, volver a preguntarnos “¿te acuerdas de D. Manolo?...sabes, me le encontré en el metro de Barcelona...
* Pasar un mes entero en “la raña” la tierra de mis abuelos donde pasé la infancia.
Subirme a al pino grande y poner al fuego las piñas para que se abran.
Buscar entre las piedras las “camisas” de culebras...Intentar robar miel a las abejas que tienen el panal en el roble del camino.
Sentarme al fresco de la tarde y dejar que el aire traiga hasta mí los esquilones de los ovejas...adivinar el lugar exacto en el que están.
Ir al avellano, por aquél camino que usaba la abuela y que pasa por el pozo sin brocal. Entrar en la casa de “tía Marciana” y sentir su aroma a membrillos colgados del techo...asomarme al brocal del pozo grande, quedarme un rato mirando los peces del agua.
Buscar erizos, por donde los solía encontrar.
Sentir la presencia de “paco” mi querido perro...sé que nunca se marchó del todo.
*Buscar a aquél chico de Almería, recuerdo el nombre de su pueblecito “Huercalovera”...éramos tan jóvenes!. Quizás pueda devolverle aquel beso que me asustó tanto...
*Hacer trueque: Recibir a todo el mundo que necesite mi ayuda sin medida del tiempo, ni nada que no sea su necesidad y mis manos... trabajar en los pueblos pequeños, en las aldeas o en las ciudades “Calcuta” del mundo, de las que todos salen.
Quedarme con sólo mis manos... Dormir y comer con ellos a cambio de mi trabajo...
¡me lo debo!
Y por supuesto: Seguir "viviendo" la familia, los amigos...mi amor. El trabajo, los campos, el mar. El aire en la montaña, las conversaciones con los desconocidos, los barrios y sus casitas, la buena gente que tanto toca mi corazón...
Y por supuesto, vosotros: El navegante, Julia, Buitre..., Mar, Erika, Lety, Pilar, mentes...Catalina, Lucía...Vero, Blanch, lis, María C...Chayo, Casiopea, Caminante, Morgana, Galafer, Mariposa...Delusión, Violeta, Cel, Laura, Andrés, Cazadora...,Juan sencillo sencillo, bajamar, Gonzalo, Almendra, Mari, Alma, Celestino, Bernardino, Adan y Eva, Depropósito, Violeta, Chayo, Francisco, Gonzalo bis... todos los anónimos. Y todas las palabras...que llegan y me abrazan...
Desde aquel día

Recuerdo que decía: ¡que nadie toque mis rosas!
Ahora me observo diciendo:
¡venid, tengo rosas, llevaos todas las que gustéis!
...desde aquel día.
Esencias

Algunas veces, el corazón se me cansa y se queda sin esencia.
No siempre es fácil continuar y quedarse. Quedarme, es la asignatura que peor llevo.
Pero mi alma sabia, me recoge del vacío y de su mano, me lleva por calles llenas de aromas para que me llene de nuevo de todo lo que necesito para continuar:
Pizca de jengibre en el abrazo de los amigos, para calentar el corazón.
Orégano y tomillo en las palabras de tantos, que me regalan sus voces perfumadas para quitar malos sabores.
Nuez moscada, en el trajín de mis hijos, que me incitan a caminar bajo su luz.
Coriandro y cilantro, en la capa protectora de la familia, para sentirme a cubierto de la sinrazón.
Curcuma y cayena en las pisadas de tantos que me acompañan, para que no se borren sus huellas y pueda seguirlas con facilidad.
Canela y vainilla sobre el aire, que le perfuma de estímulos para al respirarlo, sacudir la quietud asfixiante.
Anís dulce en la boca de quien me tiene enamorada, para recibir suavidad y dulzura con cada beso y borrar todas las palabras que no sean para la calma y el amor.
Me voy a caminar por la calle de las especias... me tomaré todo el tiempo que necesite hasta traer el alma de nuevo perfumada.
El corazón

(Foto de Julia Ardón)
El corazón nunca está en tierra. Le llama el aire.
Su libertad, le lleva constantemente a volar.
No le llaméis, ni intentéis que se detenga.
No podréis atarle a lo simple.
No le detengáis, sabe que también es gaviota.
25 años desde entonces...

“Si existes, líbrame de la vida simple, de la vida monótona, del tedio rutinario, líbrame de la existencia insustancial en la que los días y los años se suceden haciendo montones de nada...
Quiero sentir cada día que la sangre hierve en mis venas, que estoy viva, que existo en un espacio donde suceden cosas y estoy en ellas... no quiero la comodidad, ni el conservadurismo, ni el asentamiento del “todo hecho”, no quiero lo fácil, ni la vida en la paz de “nunca me pasa nada”. Si existes, no dejes que esto me suceda...”
Ahora, doy las gracias y brido, por todo lo que se me ha concedido: amar, luchar, sentir, "vivir" en un mundo maravillosamente complicado.
Al levantar mi copa, lo haré por mi, pero tambien por toda la gente que a lo largo de tantos años me han acompañado en el camino: los que me enseñaron la paciencia, los que me ayudaron sin preguntar, los que compartieron mi esfuerzo, los que tendieron su mano para que me levantara, los que dejaron sus pisadas marcadas en el camino para que las siguiera, los que llevaron mis luchas como suyas, los que celebraron conmigo las alegrías...
Por vosotros brindo: Por vuestras manos, por vuestra mirada, por vuestros pasos, por vuestra palabra, por vuestros silencios...

Como todo estaba tranquilo y tenía mucho tiempo me detuve a observar todos los detalles: la farola que iluminaba la calle, daba una luz amarillenta y mortecina. Junto a ella revoleteaban muchas pequeñas mariposas, atrapadas por la luz y el calor. Nunca había estado tan cerca de ellas. Las miraba a su misma altura y muy cerquita de donde estaban. Sentía el sonido de sus alas y cómo el calor de la bombilla requemaba sus cuerpos hasta atontarlas por completo.Pensé que me gustaría ver a alguien estando en este estado, para ver qué sentía o cómo sería. Pero no había nadie, todos dormían.
Por alguna razón me parecía muy importante ver a alguien en este estado.
El recuerdo de mi cuerpo me devolvió rápidamente a la habitación... pero todo seguía tranquilo.
Salí de nuevo a la calle.
Cada vez estaba más cerca.
Si me hubiera quedado en mitad de la calle, habría pasado por el medio de él. Pero me aparté y pasó a centímetros de donde yo estaba.Él no me vio. No sintió nada especial ni fue consciente de que yo estaba allí junto a él. O quizás sí, porque justo al cruzarse, él sintió un escalofrío, como de frío. Pero siguió caminando sin más....
(durante algún tiempo pensé que esto era extraño, después, poco a poco, me fui acostumbrando a esta facultad que tanto me ha ayudado a lo largo de la vida

Llovía mansamente...
Sentado bajo una jaima improvisada, dibujaba nombres, con su cálamo sobre papeles encerados.
Su pose era, como aquellos contadores de historias o vendedores de romances viejos, tantas veces imaginados.
No pude evitar acercarme a él y en voz baja, decirle tu nombre y el mío...
Y los grabó sobre el papel.
Y él con ternura y complicidad en los ojos, me dijo: - Entendí que me dijiste...escribe AMOR.
Me marché despacio, sintiéndome afortunada. Y dejé que el sentir producido, me empapara el alma como la lluvia, suavemente...
30 Noviembre 2006

Esta tarde, cuando ya casi terminaba el trabajo, ha entrado un niño:
- ¿Tenéis una crema que quite el dolor de las manos?
- Si, la tenemos.
- ¿Ayuda mucho… de verdad quita el dolor?
- Bueno, sí, ayuda mucho…
- Me podéis dar una, tengo 10 euros…
- Pero tú no necesitas ninguna crema… ¿cuantos años tienes?
- Nueve. No es para mí, es para mi mamá. Se la quiero regalar, mañana es su cumpleaños…
Hacía frío en la calle, pero hemos caminado hasta casa, con un calor especial en el corazón. Y sin palabras para expresar lo hermoso del amor cuando del alma parte.

La miré y me vi en sus ojos.
Dentro de su piel, arropada con sus telas.
Sentí en mi alma su tristeza y soledad.
Era un ser anónimo arropado por el silencio.
Sentí la línea que nos separaba y nos unía...
Sentí que en mi vida,
caben todas las vidas con las que me cruzo
y que todos los corazones pueden latir en el mío.
Mi alma está hecha de trocitos anónimos...
Celeste

Algunas veces...
Soy el roble.
Soy las hojas y el suelo tapizado.
Soy las ramas, el musgo y el silencio que envuelve el valle.
Soy el zorzal cobijado en cualquier hueco. Y el aire fresco de la tarde.
Estoy dentro de mi, pero también fuera, mezclada con la niebla...
El alma ya no me pertenece. Está esparcida por la vida, prendida en todo lo que late.
No hablo para que se me entienda. Yo tampoco lo puedo hacer a veces. Solo lo comparto.
Celeste.
Gestos pequeños

Regresé y le llevé buñuelos de crema.
La sonrisa, es una antorcha muy poderosa: llovía, pero la suya, iluminó todo el valle.
Hay gestos simples, que siempre hacen sonreír al alma.

Si me amas:
Hazlo para la libertad.
Invítame a caminos nuevos, que me lleven a lugares aún por descubrir y de los cuales no me quiero privar.
No pongas, en nombre de nada, puertas al campo, puertas invisibles que limitan.
Invítame al aire.
Y que cada soplo me lleve recorriendo la vida que me espera.
Si me amas, no me pares. Sopla para que todo mi ser se derrame y se funda con la vida.
Sólo así, te podré devolver el amor que me das: libre.
Celeste.
La tristeza

La tristeza es como el desierto.
El corazón, no tiene a qué agarrarse para protegerse de la nada que siente.
Todo a su alrededor está vacío, es árido.
Nada hay a su alcance que refresque el alma y la motive a vibrar de nuevo.
Nada ven los ojos en lo que refugiarse de la soledad que sienten.
Como la finísima arena, la desgana, lo llena todo.
Todo lo que toca, todo lo que siente, , todo lo que ve, todo lo que vive...está para ella desierto.
Ni una sombra reparadora puede cobijarse, ni una gota de agua la refresca...nada.
Mira su realidad, su verdad y es esta.
El alma que siente así, ha perdido la esperanza, la claridad.
Y que si se pone en pie y sigue caminando, detrás de alguna duna, no lejos...está el oasis.
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Manuel Quiroga Valparís. 98 años. Nació en el 1908, en la parte alta del Caurel, Lugo. Soltero de toda la vida, vive solo desde hace 27 años.
Experto en injertos de yema, en reparar los yugos, en fabricar madreñas con las hayas más fuertes...
Jamás habló otro idioma que el galego cerrado de la zona, porque el valle y la montaña, siempre le bastaron.
Aquí, compró y vendió las vacas, la miel de las colmenas, o las pieles de curtir.
Aquí hizo tratos con las tierras y esperó paciente el pago de sus jornales.
De mañana a la noche, el trabajo, y para la diversión, la fiestas con tambor y las tonás de la taberna.
...
Todo lo demás ya no le cabe en la memoria. Dice que la vida le enseñó a hacerla pequeña, para no llevar tanto peso...Y para reír.
Sentado al sol, sin más tarea que vivir, su voz, suena fresca y fuerte. Alegre por ser escuchada.
- Tengo que marcharme...Le dije después de un buen rato.
- Sobra el tiempo... sobra el tiempo...tenemos mucho...
- ¡viviendo con prisas, se vive menos...!
Regresé despacio...su voz, hondeaba sobre las montañas.
Celeste.
A quien amo

La persona que amo es como los bosques de abedules,
llena el viento de algo bello que se mece por el aire
poniendo sonido y color.
Es como el mar, lleva y trae música entre sus manos.
Es como las cínias del jardín,
ellas solas bastarían para llenarlo todo.
Es como los trigales de mi tierra,
reflejan la luz del amanecer y la guardan
para repartirla por los atardeceres.
Es la calma del río y la fuerza del fuego.
Es como los dulces árabes,
pequeños, delicados, fragantes, exquisitos...
Es mi refugio, mi descanso...
sin que se note, llena mi existir de algo mágico y poderoso.
¿Podría no estar enamorada?
....

Hay días en que lo más simple
me emociona hasta el extremo.
Hoy, vagabunda por aldeas
de los ancares gallegos,
me senté frente esta puerta.
¡Hay tanta vida escrita en ella!
Golpes de fragua,
golpes de azuela,
golpes de vidas vociferantes...
Manos...
que la cierran con ternura,
que la abren con prisa,
que la empujan cargadas,
que la pasan expectantes...
Manos que llevan, que traen...
Que vivieron a su abrigo
momentos de amor
lloraron tras ella
la incomprensión y la fuerza.
Manos.
Veo en su aldaba y su madera,
cientos de manos:
Curtidas, suaves,
pequeñas, fuertes...
Día tras día, año tras año....
Manos anónimas.
De vidas que no salieron nunca del valle,
y que se quedaron hablando a media voz,
prendidas en las rebollas.
Guardé en el alma todo esto,
y soy tan así, tan qué sé yo,
a mi manera,
que para decir adiós,
tuve que besar la puerta.
Celeste

La vida es cómo un camino,
a veces llano y agradable,
otras empinado y fatigoso...
pero siempre atractivo.
Y aunque digamos lo contrario,
la mayoría de las cosas,
se podrían conseguir con esta simple formula:
QUIERO + ACTUO = PUEDO.
El problema surge,
cuando nunca llevamos a cabo el “ACTUO”
y concluimos en que... “no puedo”.
Celeste

Doy testimonio.
Testimonio, de lo que por mi corazón y mi alma pasa y es sentido y vivido.De eso hablo y escribo: de lo vivido.
Y al dar testimonio de ello, mi deseo es abrir ventanas... ventanas por donde asomarse y “mirar”. Provocar que se sienta el deseo de “asomarse y mirar”. Mirar qué es lo que hay.
Nos rodea la vida. Toda la vida expresándose, está a nuestro alrededor.Y la vida, al expresarse, lo hace con todo lo que en ella cabe y es posible.
La vida, en su expresión más extensa, es infinita. E infinitos son las vivencias que en ella se pueden tener y sentir.
Creo firmemente, que sólo hay que “asomarse y mirar”. Asomarse a todas las ventanas abiertas que encontremos, con la curiosidad del niño que a todo se atreve, que todo le interesa y a nada teme...y después de mirar... OSAR dar el siguiente paso: el de la ACCIÓN.
Si queremos llegar al “ver”, al “sentir” al “percibir” al “vivir” todo lo que nos rodea, no nos excluyamos de ello.Nos excluimos, al pensar que sólo algunas personas pueden acceder a “eso”. Que sólo otros, puede sentir o vivir así...Pero, TODOS somos iguales. No unos sí y otros no... sino TODOS somos iguales.Las cosas, las sensaciones, las vivencias... están en la vida, expresándose con toda su fuerza y su energía... y la vida, nos está esperando. A TODOS por igual.
Solo hay que atreverse, OSAR... permitirnos ir a ella y SENTIR.
El miedo, el temor, la inseguridad, nos cierra las ventanas.Ni siquiera, nos atrevemos a mirar, sin nada en el corazón ni en el alma, para que entre a ella todo lo que haya.
Hay que mirar con el alma vacía de todo. Vacía de ideas pre establecidas.
Si tenemos el corazón, la mente, el alma llena de ideas preestablecidas, no se podrá llenar de nada más. Nada nuevo puede entrar en ella. No cabe. No se le permitirá. Pero si nos quitamos las ideas pre establecidas, si nos quitamos de encima el filtro de “bueno o malo” de “posible o imposible” de “real e irreal”... si simplemente, miramos con el alma abierta y preparada para sentir y vivir todo lo que haya... lo sentiremos.
Doy testimonio de lo sentido y vivido.
El único mérito es tener la osadía de estar ahí, de no apartarme, de no negarlo, de no disimularlo o encubrirlo. De no cerrar el alma a ello.
Todo lo que puede ser sentido o vivido por un ser humano, puede del mismo modo, llegar al sentir de cualquier otro. Nada súper especial hay en ello.
La magia de la vida, siempre es poderosa, pero de una gran sencillez a la vez.
Esta es la ventana que hoy abro.












